
Cuando se habla de Jacob deGrom, resulta difícil creer que apenas acaba de conseguir la victoria número 100 de su carrera en Grandes Ligas.
El derecho de los Rangers alcanzó finalmente esa cifra al vencer 2-1 a los Cardenales de San Luis, trabajando cinco entradas en blanco con ocho ponches en una actuación más que recordó por qué ha sido considerado durante años uno de los mejores lanzadores del planeta.
Lo curioso es que pocos pitchers con su nivel de dominio han tardado tanto en llegar a una marca que para muchas estrellas parece rutinaria.
La explicación está en una carrera marcada por circunstancias poco comunes. DeGrom debutó relativamente tarde en MLB, sufrió lesiones que lo alejaron largos periodos de los diamantes y, durante varias de sus mejores temporadas con los Mets de Nueva York, lanzó con muy poco respaldo ofensivo.
De hecho, mientras acumulaba efectividades extraordinarias y ganaba dos premios Cy Young, las victorias no siempre acompañaban sus actuaciones, por eso, la cifra de 100 triunfos no define realmente su legado.
Su grandeza siempre ha estado más relacionada con su dominio desde el montículo que con los números tradicionales que suelen utilizarse para medir a los pitchers.
Aun así, la victoria tuvo un significado especial para el propio deGrom.
Después del encuentro reveló que el día coincidía con el tercer cumpleaños de su hijo Nolan, un detalle que convirtió una noche histórica en algo todavía más memorable.
Porque las 100 victorias quedarán registradas para siempre en los libros de récords, pero para Jacob deGrom, probablemente este logro será recordado de una manera mucho más sencilla: como el día en que celebró el cumpleaños de su hijo ganando el juego número 100 de su carrera.


