A 50 AÑOS DEL TÍTULO QUE CONVIRTIÓ A LOS DIABLOS EN EL REY DE LMB

27 julio, 2026
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El 3 de septiembre de 2026 se cumplen 50 años de uno de los campeonatos más importantes en la historia de los Diablos Rojos del México. Aquella noche de 1976, en el Estadio Superior de Torreón (Estadio Revolución), la organización escarlata derrotó 9-5 a los Algodoneros del Unión Laguna para conquistar el sexto campeonato de su historia, un título que trascendió mucho más allá de un simple gallardete.

Fue la conquista que colocó por primera vez a los Diablos Rojos como el equipo con más campeonatos en la historia de la Liga Mexicana de Beisbol, un privilegio que no han vuelto a perder durante los siguientes 50 años. Hoy, con 18 campeonatos, la organización capitalina continúa encabezando la lista de máximos ganadores del circuito.

La coincidencia histórica hacía todavía más especial aquella temporada. Exactamente veinte años antes, en 1956, los Diablos habían conquistado el primer campeonato de su existencia. Dos décadas después, ese mismo club celebraba ya su sexto título, consolidándose como la gran potencia del béisbol mexicano.

La década de los setenta representó uno de los periodos dorados para la organización escarlata. Después del campeonato obtenido en 1973 bajo la dirección de Wilfrido Calviño y del conseguido un año después con Benjamín “Cananea” Reyes, los Diablos buscaron en 1975 un histórico tricampeonato que finalmente no pudieron conseguir. Sin embargo, lejos de iniciar una etapa de declive, regresaron en 1976 todavía más fuertes para recuperar la corona.

El encargado de dirigir aquel extraordinario conjunto era precisamente Benjamín “Cananea” Reyes, considerado uno de los mejores estrategas que ha tenido el béisbol mexicano. Su liderazgo, capacidad para manejar el clubhouse y conocimiento del juego permitieron que los Diablos encontraran nuevamente el camino al campeonato.

Pero además del manager, aquella organización contaba con un plantel espectacular.

Su cuerpo de pitcheo era uno de los mejores de toda la Liga Mexicana. Con lanzadores mexicanos que posteriormente llegarían a establecerse en las Grandes Ligas como Enrique Romo y Aurelio López, dos de los mejores pitchers mexicanos de su generación. A ellos se sumaban brazos de enorme calidad como Greg Shanahan, Alfredo Ortiz, Luis Meré y Herb Hutson. Entre otros, conformando un staff capaz de dominar a cualquier rival.

Si el pitcheo impresionaba, el lineup es quizá aún más memorable.

El infield quedó grabado para siempre en la memoria de los aficionados: Pat Bourque defendía la primera base, Ramón “Abulón” Hernández la intermedia, Antonio Villaescusa el shortstop y Abelardo Vega la tercera almohadilla. Un infield sólido, seguro y perfectamente complementado.

En los jardines tampoco existían puntos débiles. Miguel Suárez, Ted Ford, Jim Clark y el gran ídolo Ramón “Diablo” Montoya que se retiró justamente al final de esa campaña con 4 títulos con los escarlatas. Ese outfield ombinaba velocidad, poder y una ofensiva explosiva que constantemente marcaba diferencia. Eran peloteros capaces de cambiar un juego con un batazo o con una extraordinaria atrapada.

El equipo finalizó en la segunda posición de la División Sureste, resultado suficiente para instalarse en los playoffs, donde comenzó un camino que terminaría escribiendo una de las páginas más importantes en la historia de la franquicia.

Su primer obstáculo fueron los Ángeles de Puebla; la serie fue disputada, pero la experiencia y profundidad del roster escarlata terminaron imponiéndose por cuatro victorias contra dos.

Después llegó el turno de enfrentar a los Cafeteros de Córdoba y nuevamente los Diablos demostraron su superioridad y volvieron a imponerse cuatro juegos contra dos, consiguiendo el boleto para disputar la Serie Final. Del otro lado esperaba el campeón de la Zona Norte: los Algodoneros del Unión Laguna.

Como si la temporada quisiera mantener una curiosa simetría, los Diablos volvieron a ganar la serie con el mismo marcador que habían conseguido en las dos rondas anteriores: cuatro triunfos contra dos derrotas.

Sin embargo, la final estuvo lejos de ser sencilla. Después de cuatro encuentros, la serie se encontraba empatada a dos victorias por bando. Fue entonces cuando se disputó uno de los juegos más dramáticos en la historia de aquella postemporada.

El quinto encuentro parecía destinado a favorecer a Unión Laguna. Los Algodoneros dominaban el marcador 3-0 al llegar a la novena entrada detrás de una brillante actuación del zurdo Hilario Maytorena, quien mantenía completamente silenciada a la ofensiva capitalina. Pero un error del segunda base, Manuel Lázaro abrió una pequeña puerta que los Diablos aprovecharon de inmediato y la ofensiva escarlata despertó en el momento preciso, empató el encuentro y terminó imponiéndose hasta la entrada número doce.

Aquella remontada no solamente les dio la ventaja de tres juegos a dos. También representó un golpe anímico del que Unión Laguna nunca pudo recuperarse.

Con la obligación de ganar el sexto juego para mantenerse con vida, el manager de Unión Laguna, Moisés Camacho decidió entregar la responsabilidad al histórico Antonio Pollorena, uno de los lanzadores más respetados del béisbol mexicano, pero aquella noche simplemente no fue la suya…. la poderosa ofensiva de los Diablos atacó desde los primeros episodios y para la cuarta entrada Pollorena ya había abandonado el encuentro después de recibir un severo castigo.

Buscando contener la ofensiva rival, Camacho recurrió nuevamente a Hilario Maytorena. Sin embargo, el enorme desgaste sufrido apenas unas horas antes durante el maratónico quinto juego terminó pasando factura. El zurdo ya no pudo repetir la brillante actuación de la noche anterior y los Diablos mantuvieron el control del encuentro.

Como si la tensión deportiva no fuera suficiente, la lluvia apareció sobre Torreón y el partido tuvo que detenerse durante varios minutos mientras la afición permanecía expectante.

La pausa únicamente retrasó lo inevitable, cuando el juego se reanudó, la maquinaria ofensiva de los Diablos volvió a funcionar y en la novena entrada, Pat Bourque conectó un cuadrangular que terminó por sepultar cualquier esperanza de reacción de los Algodoneros.

La pizarra final fue de 9 carreras contra 5, y con el out número 27 comenzó una celebración inolvidable. Benjamín “Cananea” Reyes conquistaba su segundo campeonato como manager de los Diablos, mientras la organización levantaba el sexto trofeo de su historia.

Ese campeonato convirtió oficialmente a los Diablos Rojos del México en la franquicia más ganadora de la Liga Mexicana de Beisbol, una condición que cinco décadas después continúa vigente.

Con el paso de los años llegaron muchos otros títulos… llegaron nuevas generaciones de jugadores, nuevos estadios, nuevas figuras y nuevas rivalidades y los Diablos siguieron escribiendo capítulos memorables hasta alcanzar los 18 campeonatos que hoy adornan sus vitrinas. Pero buena parte de esa historia comenzó a construirse aquella tarde del 3 de septiembre de 1976.

No fue solamente un campeonato más…. fue el título que confirmó el nacimiento de una auténtica dinastía. Fue el campeonato que consolidó el extraordinario trabajo realizado por Benjamín “Cananea” Reyes y por un grupo de peloteros que combinó talento mexicano con grandes figuras extranjeras.

Y, sobre todo, fue la conquista que marcó el inicio de un liderazgo histórico que, cincuenta años después, sigue perteneciendo a los Diablos Rojos del México.

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