
El calendario marcaba el 31 de julio de 2025 y Jonathan Aranda atravesaba, sin discusión, el mejor momento de su carrera en las Grandes Ligas. El mexicano bateaba para .316, ocupaba el tercer lugar de todas las Grandes Ligas en promedio de bateo y parecía encaminado a pelear hasta el final por uno de los títulos ofensivos más prestigiosos del beisbol.
Entonces llegó una jugada que cambió por completo el rumbo de su temporada. En un encuentro entre los Rays de Tampa Bay y los Yankees de Nueva York, Giancarlo Stanton conectó un rodado hacia la tercera base. Junior Caminero realizó un tiro desviado a la inicial y, cuando Aranda intentó completar el out, chocó violentamente con el poderoso bateador neoyorquino.
El primera base mexicano cayó de inmediato sujetándose la muñeca izquierda y al día siguiente se confirmó el diagnóstico: fractura de muñeca.
La lesión lo mantuvo fuera de acción durante 57 días y, aunque logró regresar antes de concluir la temporada, ya no reunió el número mínimo de apariciones legales al plato para seguir peleando el campeonato de bateo de la Liga Americana.
Aquella fractura no solo lo sacó del terreno…. también le arrebató la oportunidad de culminar una campaña que apuntaba a convertirse en una de las mejores temporadas ofensivas de un pelotero mexicano en las Grandes Ligas.
Un año después, Aranda se ha consolidado como una de las grandes figuras de los Rays y como uno de los bateadores mexicanos más respetados del beisbol.
Pero el 31 de julio de 2025 permanece como una fecha imposible de olvidar, porque más que una lesión, representó la interrupción de una temporada que tenía todo para ser histórica, y, quizá por eso sigue siendo, un año después, la lesión más inoportuna que ha sufrido un pelotero mexicano en tiempos recientes.



