
Cuenta la historia bíblica que Sansón perdió su fuerza cuando le cortaron el cabello. Guardando toda proporción, este domingo los Diablos Rojos del México parecieron vivir algo similar.
El conjunto escarlata dejó de vestir su tradicional uniforme rojo para utilizar una llamativa indumentaria alterna en color negro con detalles turquesa. Coincidencia o no, fue una de sus actuaciones más discretas del año. Los Guerreros de Oaxaca tomaron el control del encuentro desde la primera entrada con un rally de cuatro carreras y nunca soltaron la ventaja, imponiéndose con autoridad por 12-3 para frenar a la poderosa ofensiva escarlata.
El dato más llamativo llegó desde el montículo. El encargado de dominar a los Diablos durante 5.1 entradas fue James Kaprielian, un pitcher que hasta hace apenas unas semanas pertenecía a la propia organización capitalina. El derecho silenció a la ofensiva que lo había tenido en su roster y fue pieza clave para que Oaxaca firmara una de sus victorias más importantes de la campaña.
Más allá de la derrota, el juego dejó una curiosidad difícil de ignorar. Los Diablos son una franquicia cuya identidad ha estado ligada durante décadas al color rojo. Este domingo cambiaron de piel… y también perdieron buena parte de la contundencia que los ha caracterizado durante toda la temporada.
Por supuesto, sería ilógico atribuir el resultado al uniforme, pero la coincidencia fue inevitable: el día que los Diablos dejaron el rojo… también parecieron perder, por una tarde, parte de la fuerza que los ha convertido en el equipo más dominante de la Liga Mexicana de Beisbol.



