
La historia que sacudió al béisbol esta semana parece salida de una película. Un joven prospecto dominicano, identificado en el mundo del béisbol como David Severino, fue suspendido después de descubrirse que detrás de su identidad existía un elaborado fraude para hacerlo aparecer algunos años más joven.
Pero para conseguirlo no bastó con alterar documentos. También se habría creado una identidad falsa y, para sostener la historia, se inventó una muerte… incluso apareció una tumba con lápida. Todo para convencer al mundo del béisbol de que el prospecto era mucho más joven de lo que realmente era.
La historia permitió recuperar una realidad que desde hace décadas acompaña al desarrollo de prospectos en República Dominicana: cuando alguien ve en el talento de un joven la posibilidad de ganar millones de dólares, algunos pueden llegar muy lejos.
Los casos de edades alteradas no son nuevos.
Peloteros jóvenes, han utilizado fechas de nacimiento falsas e incluso identidades completamente diferentes para presentarse como prospectos más jóvenes, sabiendo que dos o tres años pueden cambiar radicalmente el valor de una futura firma.
Pero el problema no siempre comienza con los jóvenes. Alrededor de un prospecto pueden existir entrenadores, intermediarios, agentes e incluso familiares que ven una oportunidad de negocio. Y la presión por convertir el talento en una firma millonaria puede llevar a extremos peligrosos.
En el pasado también se han documentado casos de jóvenes sometidos a sustancias para modificar su desarrollo físico y aparentar ser más fuertes o estar más preparados. Uno de los episodios más trágicos fue el de un prospecto, también dominicano, que murió después de recibir sustancias utilizadas en animales.
Por eso el caso de la tumba falsa va mucho más allá de una simple anécdota… es la consecuencia extrema de un sistema en el que un adolescente con talento puede representar millones.
Y cuando alguien deja de ver solamente a un joven beisbolista para comenzar a ver una posible firma millonaria… puede llegar muy lejos. Porque en ocasiones, el signo de $ puede terminar pesando más que el propio jugador.



