
Hay una discusión que ha comenzado a crecer entre los aficionados de Sultanes de Monterrey y que va mucho más allá de una canción, un concierto o una activación: ¿hasta dónde puede llegar el espectáculo alrededor del beisbol sin terminar restándole importancia al propio juego?
El tema tomó especial fuerza esta semana durante la Serie de Campeonato de la Zona Norte. Sultanes perdió 15-7 ante los Toros de Tijuana, quedó abajo 3-1 en la serie y a solamente una derrota de la eliminación. Mientras el equipo acababa de sufrir una de sus derrotas más importantes de la temporada, el estadio continuó con ambiente de fiesta, incluyendo música, baile y juegos pirotécnicos.
La imagen provocó una fuerte reacción en redes sociales. Algunos aficionados cuestionaron que el espectáculo continuara como si se tratara de una noche de celebración cuando el equipo estaba al borde de quedar eliminado. Y entonces apareció una explicación que comenzó a circular: los fuegos artificiales habrían sido activados por un error de coordinación.
Pero aquí surge otra pregunta: ¿Realmente fue un error o esa explicación apareció como una manera de intentar calmar una polémica que ya existía y que, con lo ocurrido esa noche, simplemente creció?
Porque los conciertos y el entretenimiento no son algo improvisado en Monterrey. Sultanes ha construido deliberadamente un modelo en el que la experiencia del estadio incluye música en vivo, activaciones y espectáculos alrededor del beisbol. Incluso la LMB reconoció recientemente al club por su trabajo en marketing y experiencia en el estadio.
Y ahí está el verdadero debate. Nadie cuestiona que el entretenimiento pueda ayudar a llevar aficionados al estadio. De hecho, hay quienes defienden precisamente esa estrategia y consideran que es la única manera de competir por la atención del público y llenar las tribunas.
Pero otros aficionados sienten que el modelo está llegando demasiado lejos, porque una cosa es acompañar al beisbol con entretenimiento y otra es preguntarse si, en determinados momentos, el entretenimiento termina compitiendo con el propio juego por el protagonismo.
El fenómeno no es exclusivo de Monterrey, cada vez más equipos convierten sus estadios en experiencias que van mucho más allá de las nueve entradas, pero Sultanes parece haber llevado esa fórmula varios escalones arriba. Y por eso la pregunta queda abierta:
¿El show está ayudando a vender el beisbol… o la propia directiva está terminando por restarle valor al espectáculo principal: el juego?

Hay una discusión que ha comenzado a crecer entre los aficionados de Sultanes de Monterrey y que va mucho más allá de una canción, un concierto o una activación: ¿hasta dónde puede llegar el espectáculo alrededor del beisbol sin terminar restándole importancia al propio juego?
El tema tomó especial fuerza esta semana durante la Serie de Campeonato de la Zona Norte. Sultanes perdió 15-7 ante los Toros de Tijuana, quedó abajo 3-1 en la serie y a solamente una derrota de la eliminación. Mientras el equipo acababa de sufrir una de sus derrotas más importantes de la temporada, el estadio continuó con ambiente de fiesta, incluyendo música, baile y juegos pirotécnicos.
La imagen provocó una fuerte reacción en redes sociales. Algunos aficionados cuestionaron que el espectáculo continuara como si se tratara de una noche de celebración cuando el equipo estaba al borde de quedar eliminado. Y entonces apareció una explicación que comenzó a circular: los fuegos artificiales habrían sido activados por un error de coordinación.
Pero aquí surge otra pregunta: ¿Realmente fue un error o esa explicación apareció como una manera de intentar calmar una polémica que ya existía y que, con lo ocurrido esa noche, simplemente creció?
Porque los conciertos y el entretenimiento no son algo improvisado en Monterrey. Sultanes ha construido deliberadamente un modelo en el que la experiencia del estadio incluye música en vivo, activaciones y espectáculos alrededor del beisbol. Incluso la LMB reconoció recientemente al club por su trabajo en marketing y experiencia en el estadio.
Y ahí está el verdadero debate. Nadie cuestiona que el entretenimiento pueda ayudar a llevar aficionados al estadio. De hecho, hay quienes defienden precisamente esa estrategia y consideran que es la única manera de competir por la atención del público y llenar las tribunas.
Pero otros aficionados sienten que el modelo está llegando demasiado lejos, porque una cosa es acompañar al beisbol con entretenimiento y otra es preguntarse si, en determinados momentos, el entretenimiento termina compitiendo con el propio juego por el protagonismo.
El fenómeno no es exclusivo de Monterrey, cada vez más equipos convierten sus estadios en experiencias que van mucho más allá de las nueve entradas, pero Sultanes parece haber llevado esa fórmula varios escalones arriba. Y por eso la pregunta queda abierta:
¿El show está ayudando a vender el beisbol… o la propia directiva está terminando por restarle valor al espectáculo principal: el juego?


