
Hay decisiones que en el momento parecen inexplicables y que, unos minutos después, terminan pareciendo brillantes. Eso fue exactamente lo que ocurrió este miércoles con los Padres de San Diego.
Walker Buehler estaba realizando una buena apertura hasta que llegó la tercera entrada. Después de conseguir un out, Washington volvió a poner en problemas al pitcher y, con corredores en las bases, el mánager Craig Stammen salió nuevamente al montículo.
La impresión que quedó fue que el manager de los Padres había olvidado que ya se había realizado una visita al pitcher en ese mismo inning…. y al tratarse de la segunda visita, la regla obligaba a retirar a Buehler del juego.
Pero hay que ser cuidadosos: es imposible afirmar con plena certeza que Stammen simplemente olvidó la primera visita. También existe la posibilidad de que la segunda salida al montículo haya sido deliberada para cambiar el enfrentamiento y traer a Kyle Hart.
Lo que sí quedó perfectamente claro fue lo que ocurrió después… si fue un error, difícilmente pudo haberle salido mejor.
Hart entró en una situación complicada y apagó el incendio de manera impecable, sin permitir una sola carrera. Y todavía había más: en el cierre de esa misma tercera entrada, los Padres respondieron inmediatamente a la situación y le dieron la vuelta a la pizarra, tomando una ventaja que ya nunca perderían.
Hart tampoco terminó ahí. El relevista permaneció dos entradas más sobre el montículo y retiró impecablemente a los seis bateadores que enfrentó, completando una actuación de 2⅔ entradas sin permitir carrera.
Los Padres terminaron derrotando a los Nationals 9-2. Así que aquella segunda visita al montículo, que desde las tribunas parecía haber sido un error de manejo, terminó provocando exactamente lo contrario de lo que normalmente produce una equivocación.
Buehler salió obligado. Hart entró. No hubo carreras. San Diego remontó inmediatamente. Y Hart siguió dominando.
¿Fue un error? No podemos saberlo con certeza, pero si lo fue… ¡les salió mejor haberse equivocado!

Hay decisiones que en el momento parecen inexplicables y que, unos minutos después, terminan pareciendo brillantes. Eso fue exactamente lo que ocurrió este miércoles con los Padres de San Diego.
Walker Buehler estaba realizando una buena apertura hasta que llegó la tercera entrada. Después de conseguir un out, Washington volvió a poner en problemas al pitcher y, con corredores en las bases, el mánager Craig Stammen salió nuevamente al montículo.
La impresión que quedó fue que el manager de los Padres había olvidado que ya se había realizado una visita al pitcher en ese mismo inning…. y al tratarse de la segunda visita, la regla obligaba a retirar a Buehler del juego.
Pero hay que ser cuidadosos: es imposible afirmar con plena certeza que Stammen simplemente olvidó la primera visita. También existe la posibilidad de que la segunda salida al montículo haya sido deliberada para cambiar el enfrentamiento y traer a Kyle Hart.
Lo que sí quedó perfectamente claro fue lo que ocurrió después… si fue un error, difícilmente pudo haberle salido mejor.
Hart entró en una situación complicada y apagó el incendio de manera impecable, sin permitir una sola carrera. Y todavía había más: en el cierre de esa misma tercera entrada, los Padres respondieron inmediatamente a la situación y le dieron la vuelta a la pizarra, tomando una ventaja que ya nunca perderían.
Hart tampoco terminó ahí. El relevista permaneció dos entradas más sobre el montículo y retiró impecablemente a los seis bateadores que enfrentó, completando una actuación de 2⅔ entradas sin permitir carrera.
Los Padres terminaron derrotando a los Nationals 9-2. Así que aquella segunda visita al montículo, que desde las tribunas parecía haber sido un error de manejo, terminó provocando exactamente lo contrario de lo que normalmente produce una equivocación.
Buehler salió obligado. Hart entró. No hubo carreras. San Diego remontó inmediatamente. Y Hart siguió dominando.
¿Fue un error? No podemos saberlo con certeza, pero si lo fue… ¡les salió mejor haberse equivocado!


