
A los 41 años, después de una carrera larguísima y con todo el kilometraje que acumula un brazo que ha lanzado en Grandes Ligas, en México y en innumerables escenarios de presión, Fernando Salas sigue dando la cara por los Olmecas de Tabasco.
Y eso es algo que merece reconocimiento. Salas no solamente continúa lanzando… lo está haciendo por una organización a la que le tiene un enorme cariño y que ha llegado hasta una Serie del Rey después de una temporada que parecía impensable. En muchas circunstancias, lo que está haciendo a su edad y con el cansancio acumulado de su brazo puede calificarse como extraordinario.
Pero también hay una realidad que esta Serie del Rey está haciendo cada vez más evidente. En el tercer juego, con Tijuana arriba apenas 1-0, Justin Turner le conectó cuadrangular en la novena entrada para ampliar la ventaja de los Toros…. y este domingo, en el quinto encuentro, Salas volvió a recibir un batazo de cuatro estaciones en un momento especialmente delicado. Hernán Pérez conectó el jonrón que empató el juego 5-5 en la octava entrada…. dos cuadrangulares. Dos momentos de enorme presión.
Y ahí está la parte difícil.
Una cosa es demostrar que todavía se puede competir, pero otra muy diferente, es responder al máximo nivel cuando cada lanzamiento puede cambiar el destino de una Serie Final. La velocidad ya no es la misma y las circunstancias provocan que el talento ya no alcance en los momentos clave.
Salas todavía puede tener grandes actuaciones. Su experiencia, su conocimiento del juego y su capacidad competitiva siguen ahí, pero el brazo también tiene memoria y, después de tantos años, tantos innings y tantos lanzamientos, es inevitable que el tiempo cobre su factura.
Eso no le quita mérito a lo que está haciendo. Al contrario… enfrentar esa realidad y seguir poniéndose el uniforme, seguir tomando la pelota y seguir dando la cara por los Olmecas es loable y admirable, pero también hay que tener la honestidad de reconocerla.
Fernando Salas está luchando contra algo contra lo que ningún pitcher puede ganar para siempre: el tiempo…. y contra el tiempo, simplemente, no se puede.

A los 41 años, después de una carrera larguísima y con todo el kilometraje que acumula un brazo que ha lanzado en Grandes Ligas, en México y en innumerables escenarios de presión, Fernando Salas sigue dando la cara por los Olmecas de Tabasco.
Y eso es algo que merece reconocimiento. Salas no solamente continúa lanzando… lo está haciendo por una organización a la que le tiene un enorme cariño y que ha llegado hasta una Serie del Rey después de una temporada que parecía impensable. En muchas circunstancias, lo que está haciendo a su edad y con el cansancio acumulado de su brazo puede calificarse como extraordinario.
Pero también hay una realidad que esta Serie del Rey está haciendo cada vez más evidente. En el tercer juego, con Tijuana arriba apenas 1-0, Justin Turner le conectó cuadrangular en la novena entrada para ampliar la ventaja de los Toros…. y este domingo, en el quinto encuentro, Salas volvió a recibir un batazo de cuatro estaciones en un momento especialmente delicado. Hernán Pérez conectó el jonrón que empató el juego 5-5 en la octava entrada…. dos cuadrangulares. Dos momentos de enorme presión.
Y ahí está la parte difícil.
Una cosa es demostrar que todavía se puede competir, pero otra muy diferente, es responder al máximo nivel cuando cada lanzamiento puede cambiar el destino de una Serie Final. La velocidad ya no es la misma y las circunstancias provocan que el talento ya no alcance en los momentos clave.
Salas todavía puede tener grandes actuaciones. Su experiencia, su conocimiento del juego y su capacidad competitiva siguen ahí, pero el brazo también tiene memoria y, después de tantos años, tantos innings y tantos lanzamientos, es inevitable que el tiempo cobre su factura.
Eso no le quita mérito a lo que está haciendo. Al contrario… enfrentar esa realidad y seguir poniéndose el uniforme, seguir tomando la pelota y seguir dando la cara por los Olmecas es loable y admirable, pero también hay que tener la honestidad de reconocerla.
Fernando Salas está luchando contra algo contra lo que ningún pitcher puede ganar para siempre: el tiempo…. y contra el tiempo, simplemente, no se puede.


