
Un muchacho dominicano de 14 años tenía prácticamente asegurado un bono de 1.8 millones de dólares con una organización de Grandes Ligas. Cuando llegó el momento de firmar, 630 mil dólares fueron para su entrenador y más de 950 mil terminaron en manos de un prestamista. Al jugador le quedó una cantidad muy distinta a la que originalmente parecía representar aquel contrato.
El caso de Belfi Rivera es uno de los ejemplos documentados por ProPublica en una investigación sobre la industria que se desarrolló alrededor de los prospectos dominicanos. Y quizá lo más preocupante es que no se trata solamente de un caso individual.
La investigación describe un sistema en el que jóvenes comienzan a entrenar desde los 10 u 11 años y pueden tener acuerdos anticipados con organizaciones de MLB antes de alcanzar la edad reglamentaria para firmar. Entrenadores, academias y prestamistas pueden convertirse en participantes económicos del futuro contrato.
Entre 2012 y principios de 2026, los equipos de Grandes Ligas pagaron más de 1,000 millones de dólares en bonos a prospectos dominicanos. ProPublica señala que una parte considerable de ese dinero terminó en manos de personas que rodeaban al jugador.
Y entonces la pregunta inevitable llega a México donde también existe una industria que detecta, desarrolla y posteriormente coloca jóvenes en organizaciones de Grandes Ligas.
El sistema mexicano es diferente al dominicano. Pero si hablamos de un negocio que puede generar millones alrededor de un prospecto, hay una pregunta que pocas veces hacemos: ¿Cuánto le queda al jugador?
Hace apenas dos días escribimos “LOS MEXICANOS SON PARA VENDERSE”… Ahora quizá debamos preguntarnos algo todavía más importante: Cuando se vende al mexicano, ¿quién se queda con el dinero?

Un muchacho dominicano de 14 años tenía prácticamente asegurado un bono de 1.8 millones de dólares con una organización de Grandes Ligas. Cuando llegó el momento de firmar, 630 mil dólares fueron para su entrenador y más de 950 mil terminaron en manos de un prestamista. Al jugador le quedó una cantidad muy distinta a la que originalmente parecía representar aquel contrato.
El caso de Belfi Rivera es uno de los ejemplos documentados por ProPublica en una investigación sobre la industria que se desarrolló alrededor de los prospectos dominicanos. Y quizá lo más preocupante es que no se trata solamente de un caso individual.
La investigación describe un sistema en el que jóvenes comienzan a entrenar desde los 10 u 11 años y pueden tener acuerdos anticipados con organizaciones de MLB antes de alcanzar la edad reglamentaria para firmar. Entrenadores, academias y prestamistas pueden convertirse en participantes económicos del futuro contrato.
Entre 2012 y principios de 2026, los equipos de Grandes Ligas pagaron más de 1,000 millones de dólares en bonos a prospectos dominicanos. ProPublica señala que una parte considerable de ese dinero terminó en manos de personas que rodeaban al jugador.
Y entonces la pregunta inevitable llega a México donde también existe una industria que detecta, desarrolla y posteriormente coloca jóvenes en organizaciones de Grandes Ligas.
El sistema mexicano es diferente al dominicano. Pero si hablamos de un negocio que puede generar millones alrededor de un prospecto, hay una pregunta que pocas veces hacemos: ¿Cuánto le queda al jugador?
Hace apenas dos días escribimos “LOS MEXICANOS SON PARA VENDERSE”… Ahora quizá debamos preguntarnos algo todavía más importante: Cuando se vende al mexicano, ¿quién se queda con el dinero?


