
En estos días hemos visto repetirse una cifra: nueve mexicanos están en los playoffs 2026 de Grandes Ligas. Pero hay algunas diferencias que vale la pena hacer.
No se trata de tecnicismos legales ni de quitarle a nadie sus raíces mexicanas, se trata de saber exactamente qué estamos contando. De esos nueve peloteros que algunos mencionan, solamenet cuatro nacieron en México: Jonathan Aranda, Manuel Rodríguez, Isaac Paredes y Javier Assad.
Los otros cinco —Jarren Durán, Patrick Sandoval, Joey Ortiz, JoJo Romero y Chase Meidroth— nacieron en Estados Unidos y desarrollaron ahí toda su formación beisbolística. Su vínculo con México viene de su ascendencia familiar. Algunos incluso han representado a México internacionalmente debido a que en las reglas del Clásico Mundial se establece que quienes sean elegibles para tener el pasaporte pueden jugar por el país, aunque no tengan el documento.
Así es que una cosa es tener ascendencia mexicana y otra muy diferente es ser un pelotero producido por el beisbol mexicano, que hable el idioma y que conozca las costumbres del país.
Porque si la pregunta es cuántos mexicanos llegaron a los playoffs, podemos seguir utilizando la cifra de nueve. Pero si queremos saber cuántos peloteros desarrollados por México están jugando hoy en la postemporada de MLB, la historia es otra. Son cuatro.
Y hay otro dato que tampoco deberíamos pasar por alto: independientemente de cualquier interpretación sobre nacionalidad, no hay registro público de que esos cinco jugadores nacidos en Estados Unidos tengan pasaporte mexicano. Tampoco nacieron aquí, ni hicieron aquí su formación como beisbolistas.
Entonces, ¿qué estamos presumiendo? ¿La capacidad del beisbol mexicano para producir jugadores de Grandes Ligas o la cantidad de jugadores estadounidenses que tienen ascendencia mexicana? No es lo mismo.
Debería interesarnos mucho más saber cuántos de ellos son producto de nuestras academias, nuestras ligas, nuestros entrenadores y nuestro sistema de desarrollo…. porque ahí está la verdadera medida del crecimiento.
No son nueve peloteros mexicanos desarrollados por el beisbol mexicano. Son cuatro y esa diferencia también cuenta.

En estos días hemos visto repetirse una cifra: nueve mexicanos están en los playoffs 2026 de Grandes Ligas. Pero hay algunas diferencias que vale la pena hacer.
No se trata de tecnicismos legales ni de quitarle a nadie sus raíces mexicanas, se trata de saber exactamente qué estamos contando. De esos nueve peloteros que algunos mencionan, solamenet cuatro nacieron en México: Jonathan Aranda, Manuel Rodríguez, Isaac Paredes y Javier Assad.
Los otros cinco —Jarren Durán, Patrick Sandoval, Joey Ortiz, JoJo Romero y Chase Meidroth— nacieron en Estados Unidos y desarrollaron ahí toda su formación beisbolística. Su vínculo con México viene de su ascendencia familiar. Algunos incluso han representado a México internacionalmente debido a que en las reglas del Clásico Mundial se establece que quienes sean elegibles para tener el pasaporte pueden jugar por el país, aunque no tengan el documento.
Así es que una cosa es tener ascendencia mexicana y otra muy diferente es ser un pelotero producido por el beisbol mexicano, que hable el idioma y que conozca las costumbres del país.
Porque si la pregunta es cuántos mexicanos llegaron a los playoffs, podemos seguir utilizando la cifra de nueve. Pero si queremos saber cuántos peloteros desarrollados por México están jugando hoy en la postemporada de MLB, la historia es otra. Son cuatro.
Y hay otro dato que tampoco deberíamos pasar por alto: independientemente de cualquier interpretación sobre nacionalidad, no hay registro público de que esos cinco jugadores nacidos en Estados Unidos tengan pasaporte mexicano. Tampoco nacieron aquí, ni hicieron aquí su formación como beisbolistas.
Entonces, ¿qué estamos presumiendo? ¿La capacidad del beisbol mexicano para producir jugadores de Grandes Ligas o la cantidad de jugadores estadounidenses que tienen ascendencia mexicana? No es lo mismo.
Debería interesarnos mucho más saber cuántos de ellos son producto de nuestras academias, nuestras ligas, nuestros entrenadores y nuestro sistema de desarrollo…. porque ahí está la verdadera medida del crecimiento.
No son nueve peloteros mexicanos desarrollados por el beisbol mexicano. Son cuatro y esa diferencia también cuenta.


