
La llegada de Benjamín Gil a los Diablos Rojos del México ha generado una intensa polémica entre la afición escarlata. Sin embargo, mientras buena parte de la atención se ha concentrado en la Ciudad de México, hay otra pregunta que merece hacerse: ¿cómo se tomó en Jalisco la salida del mánager que ha conducido a la organización de Charros a conquistar dos campeonatos consecutivos de la LMP y un título de la Zona Norte en la LMB?
La separación de Gil de la organización jalisciense para la temporada de verano se anunció justo cuando comenzaba la campaña invernal, en la que Charros busca el tricampeonato. Prescindir totalmente de él en ese momento habría obligado al club a reorganizar su cuerpo técnico en plena competencia, con las consecuencias deportivas y mediáticas que eso habría implicado.
Por ello, que Gil continúe al frente de Charros durante la LMP no necesariamente significa que la relación con la directiva permanezca intacta. También cabe la posibilidad de que mantenerlo haya sido la decisión más conveniente para proteger un proyecto que busca hacer historia.
La pregunta es qué ocurrirá cuando termine la temporada invernal. ¿Charros estará dispuesto a renovar a un mánager que dirigirá a los Diablos Rojos en la próxima campaña de la LMB? ¿O la continuidad de Gil responde a una solución temporal mientras ambas partes completan una separación que todavía no se ha concretado?
En los días posteriores al anuncio circularon versiones sobre una posible incomodidad en la directiva jalisciense por la manera en que se produjo la salida. Sin embargo, no hay declaraciones públicas suficientes para establecer el alcance de ese supuesto malestar, ni para afirmar que la decisión de mantenerlo en la LMP sea parte de una estrategia para desvincularse de él al finalizar el torneo.
Tampoco se ha escuchado con la misma intensidad a la afición de Charros, cuya perspectiva ha quedado relegada frente a la controversia generada por su llegada a los Diablos.
La cuestión va más allá de dónde dirigirá Gil en el verano. Se trata de saber si la relación con Charros conserva la confianza necesaria para continuar o si el final de la presente campaña de la LMP marcará también el final de su etapa en Jalisco.
Por ahora, la pregunta sigue abierta: ¿qué piensan realmente en Jalisco de la salida de Benjamín Gil?

La llegada de Benjamín Gil a los Diablos Rojos del México ha generado una intensa polémica entre la afición escarlata. Sin embargo, mientras buena parte de la atención se ha concentrado en la Ciudad de México, hay otra pregunta que merece hacerse: ¿cómo se tomó en Jalisco la salida del mánager que ha conducido a la organización de Charros a conquistar dos campeonatos consecutivos de la LMP y un título de la Zona Norte en la LMB?
La separación de Gil de la organización jalisciense para la temporada de verano se anunció justo cuando comenzaba la campaña invernal, en la que Charros busca el tricampeonato. Prescindir totalmente de él en ese momento habría obligado al club a reorganizar su cuerpo técnico en plena competencia, con las consecuencias deportivas y mediáticas que eso habría implicado.
Por ello, que Gil continúe al frente de Charros durante la LMP no necesariamente significa que la relación con la directiva permanezca intacta. También cabe la posibilidad de que mantenerlo haya sido la decisión más conveniente para proteger un proyecto que busca hacer historia.
La pregunta es qué ocurrirá cuando termine la temporada invernal. ¿Charros estará dispuesto a renovar a un mánager que dirigirá a los Diablos Rojos en la próxima campaña de la LMB? ¿O la continuidad de Gil responde a una solución temporal mientras ambas partes completan una separación que todavía no se ha concretado?
En los días posteriores al anuncio circularon versiones sobre una posible incomodidad en la directiva jalisciense por la manera en que se produjo la salida. Sin embargo, no hay declaraciones públicas suficientes para establecer el alcance de ese supuesto malestar, ni para afirmar que la decisión de mantenerlo en la LMP sea parte de una estrategia para desvincularse de él al finalizar el torneo.
Tampoco se ha escuchado con la misma intensidad a la afición de Charros, cuya perspectiva ha quedado relegada frente a la controversia generada por su llegada a los Diablos.
La cuestión va más allá de dónde dirigirá Gil en el verano. Se trata de saber si la relación con Charros conserva la confianza necesaria para continuar o si el final de la presente campaña de la LMP marcará también el final de su etapa en Jalisco.
Por ahora, la pregunta sigue abierta: ¿qué piensan realmente en Jalisco de la salida de Benjamín Gil?


