
El béisbol mexicano también encuentra su lugar entre las tradiciones de estas fechas. Mientras los disfraces, las calaveras y las celebraciones de Halloween llenan de actividad los campos de las ligas pequeñas, en Oaxaca un estadio abre sus puertas para rendir homenaje a quienes ya no están. Dos celebraciones distintas, un mismo punto de encuentro: el béisbol como espacio de convivencia y comunidad.
Este viernes 30 de octubre, B-BAT celebra su Halloween a puro batazo, una actividad que ya habíamos presentado en BEISBOL MX. La propuesta forma parte de una tradición cada vez más presente en los espacios deportivos: reunir a niños, familias y aficionados alrededor del juego, con disfraces y actividades que convierten el diamante en escenario de una celebración diferente.
Las ligas pequeñas de la Ciudad de México también se suman a estas fechas con sus fiestas de disfraces. Más allá de los resultados y la competencia, estos festejos muestran una dimensión esencial del béisbol infantil: los campos son lugares donde se forman amistades, participan las familias y se construye una comunidad que trasciende el terreno de juego.
En Oaxaca, la celebración toma otro sentido. El Estadio Yu’Va, casa de los Guerreros de Oaxaca, recibe del 30 de octubre al 2 de noviembre la ofrenda El Juego Eterno, abierta al público de 10:00 a 23:00 horas, con entrada libre. Además, los días 30 y 31 de octubre y el 1 de noviembre se ofrecen recorridos guiados gratuitos por las instalaciones, de 17:00 a 20:00 horas, con registro previo y cupo limitado.
La iniciativa incorpora el estadio a una de las tradiciones más representativas de México: recordar a los seres queridos que han fallecido. En este caso, el parque de pelota se convierte también en un espacio para la memoria, la convivencia y el homenaje.
Halloween y Día de Muertos tienen orígenes y significados diferentes, pero el béisbol puede dar cabida a ambos sin perder su identidad. A veces es el escenario de una fiesta infantil; otras, un lugar para recordar.
Porque el béisbol no solo se juega. También reúne generaciones, crea pertenencia y forma parte de la vida de las comunidades que lo mantienen vivo.

El béisbol mexicano también encuentra su lugar entre las tradiciones de estas fechas. Mientras los disfraces, las calaveras y las celebraciones de Halloween llenan de actividad los campos de las ligas pequeñas, en Oaxaca un estadio abre sus puertas para rendir homenaje a quienes ya no están. Dos celebraciones distintas, un mismo punto de encuentro: el béisbol como espacio de convivencia y comunidad.
Este viernes 30 de octubre, B-BAT celebra su Halloween a puro batazo, una actividad que ya habíamos presentado en BEISBOL MX. La propuesta forma parte de una tradición cada vez más presente en los espacios deportivos: reunir a niños, familias y aficionados alrededor del juego, con disfraces y actividades que convierten el diamante en escenario de una celebración diferente.
Las ligas pequeñas de la Ciudad de México también se suman a estas fechas con sus fiestas de disfraces. Más allá de los resultados y la competencia, estos festejos muestran una dimensión esencial del béisbol infantil: los campos son lugares donde se forman amistades, participan las familias y se construye una comunidad que trasciende el terreno de juego.
En Oaxaca, la celebración toma otro sentido. El Estadio Yu’Va, casa de los Guerreros de Oaxaca, recibe del 30 de octubre al 2 de noviembre la ofrenda El Juego Eterno, abierta al público de 10:00 a 23:00 horas, con entrada libre. Además, los días 30 y 31 de octubre y el 1 de noviembre se ofrecen recorridos guiados gratuitos por las instalaciones, de 17:00 a 20:00 horas, con registro previo y cupo limitado.
La iniciativa incorpora el estadio a una de las tradiciones más representativas de México: recordar a los seres queridos que han fallecido. En este caso, el parque de pelota se convierte también en un espacio para la memoria, la convivencia y el homenaje.
Halloween y Día de Muertos tienen orígenes y significados diferentes, pero el béisbol puede dar cabida a ambos sin perder su identidad. A veces es el escenario de una fiesta infantil; otras, un lugar para recordar.
Porque el béisbol no solo se juega. También reúne generaciones, crea pertenencia y forma parte de la vida de las comunidades que lo mantienen vivo.


