
Hay fechas que quedan grabadas en la historia de un deportista por lo que consiguió. Para Enrique Quiñones, el 21 de noviembre de 2000 fue una de ellas. Aquella noche, el lanzador derecho escribió una página histórica al conseguir el primer juego sin hit ni carrera en la historia de los Tomateros de Culiacán.
Veintiséis años después, noviembre vuelve a marcar su historia, pero de la manera más dolorosa.
El sábado 7 de noviembre de 2026, Quiñones fue asesinado en Villa Unión, al sur de Mazatlán. Tenía 57 años. De acuerdo con los reportes, trabajaba como conductor de una plataforma digital de transporte y fue atacado a balazos mientras se encontraba junto a su automóvil. Hasta ahora no se ha informado públicamente sobre el móvil del crimen.
Dos noviembres separados por 26 años. Uno lo colocó en la memoria del béisbol mexicano; el otro nos obliga a recordar su nombre por una tragedia.
Aquella noche de 2000, frente a los Águilas de Mexicali, Quiñones dominó a la ofensiva rival durante nueve entradas. Tomateros ganó 1-0 y el pitcher se convirtió en protagonista de una hazaña que ninguna otra actuación podía quitarle: ser el primero en conseguir un juego sin hit ni carrera para la organización guinda.
Su trayectoria profesional se extendió de 1988 a 2007. También jugó en la Liga Mexicana de Beisbol con Rieleros de Aguascalientes, Sultanes de Monterrey, Leones de Yucatán, Broncos de Reynosa, Tuneros de San Luis Potosí y Dorados de Chihuahua.
Después volvió a Culiacán, ahora como parte del cuerpo técnico, para trabajar con el pitcheo de Tomateros. El béisbol suele celebrar a sus héroes por sus estadísticas, campeonatos y hazañas. Enrique Quiñones tenía una de esas marcas que permanecen para siempre en la historia de una franquicia.
Su muerte violenta no debe borrar lo que consiguió. Tampoco debería ser necesario que una tragedia devuelva a la memoria colectiva a quienes alguna vez hicieron grande nuestro béisbol.
En noviembre de 2000, Enrique Quiñones estuvo en lo más alto del deporte. En noviembre de 2026, su historia terminó de la forma más terrible.

Hay fechas que quedan grabadas en la historia de un deportista por lo que consiguió. Para Enrique Quiñones, el 21 de noviembre de 2000 fue una de ellas. Aquella noche, el lanzador derecho escribió una página histórica al conseguir el primer juego sin hit ni carrera en la historia de los Tomateros de Culiacán.
Veintiséis años después, noviembre vuelve a marcar su historia, pero de la manera más dolorosa.
El sábado 7 de noviembre de 2026, Quiñones fue asesinado en Villa Unión, al sur de Mazatlán. Tenía 57 años. De acuerdo con los reportes, trabajaba como conductor de una plataforma digital de transporte y fue atacado a balazos mientras se encontraba junto a su automóvil. Hasta ahora no se ha informado públicamente sobre el móvil del crimen.
Dos noviembres separados por 26 años. Uno lo colocó en la memoria del béisbol mexicano; el otro nos obliga a recordar su nombre por una tragedia.
Aquella noche de 2000, frente a los Águilas de Mexicali, Quiñones dominó a la ofensiva rival durante nueve entradas. Tomateros ganó 1-0 y el pitcher se convirtió en protagonista de una hazaña que ninguna otra actuación podía quitarle: ser el primero en conseguir un juego sin hit ni carrera para la organización guinda.
Su trayectoria profesional se extendió de 1988 a 2007. También jugó en la Liga Mexicana de Beisbol con Rieleros de Aguascalientes, Sultanes de Monterrey, Leones de Yucatán, Broncos de Reynosa, Tuneros de San Luis Potosí y Dorados de Chihuahua.
Después volvió a Culiacán, ahora como parte del cuerpo técnico, para trabajar con el pitcheo de Tomateros. El béisbol suele celebrar a sus héroes por sus estadísticas, campeonatos y hazañas. Enrique Quiñones tenía una de esas marcas que permanecen para siempre en la historia de una franquicia.
Su muerte violenta no debe borrar lo que consiguió. Tampoco debería ser necesario que una tragedia devuelva a la memoria colectiva a quienes alguna vez hicieron grande nuestro béisbol.
En noviembre de 2000, Enrique Quiñones estuvo en lo más alto del deporte. En noviembre de 2026, su historia terminó de la forma más terrible.


