
La noticia sacudió a la liga: Jurickson Profar fue suspendido 162 juegos por reincidir en el consumo de sustancias prohibidas bajo el programa antidopaje de MLB lo que significa perderse toda la temporada 2026 y quedar fuera de cualquier competencia oficial durante el año.
El impacto inmediato es para los Atlanta Braves, organización que apostó por él tras su gran campaña 2024, pero inevitablemente la noticia también resuena en San Diego.
Profar fue pieza importante de los San Diego Padres en 2024, firmando una de las mejores temporadas de su carrera. Fue un bat oportuno, carismático, y conectó de manera especial con la afición en Petco Park. Cuando terminó esa campaña, muchos esperaban que el club hiciera un esfuerzo serio por retenerlo.
No ocurrió… San Diego optó por no renovarlo y el jardinero terminó firmando con Atlanta. En ese momento, la decisión dividió opiniones: para algunos era un riesgo dejar ir a un jugador que acababa de producir a alto nivel; para otros, el contrato que buscaba implicaba demasiada inversión a largo plazo.
Hoy, con la suspensión confirmada, el panorama se ve diferente. No se trata de afirmar que los Padres “sabían algo” ni de reescribir la historia, tampoco de minimizar lo que Profar significó dentro del clubhouse pero es inevitable pensar que, de haber firmado una extensión en California, el golpe deportivo y financiero lo estaría absorbiendo San Diego.
En un mercado competitivo y con una estructura salarial siempre vigilada, evitar un contrato que termina en una suspensión total cambia la conversación. Lo que hace meses parecía una salida dolorosa, ahora luce —cuando menos— como una decisión que evitó un problema mayor.
Para la afición de los Padres, la sensación es ambivalente: agradecimiento por lo que aportó en su momento, pero también alivio de que la historia haya tomado otro rumbo. En este caso, el tiempo parece haber jugado a favor de los Padres.


