
La temporada 2026 de la Liga Mexicana de Softbol no se puede entender sin regresar al 22 de febrero. Ese día, el país vivió momentos de tensión tras la detención de un criminal en Jalisco. Bloqueos, incertidumbre y miedo. Y aunque el caos parecía ajeno al terreno de juego, terminó por meterse de lleno en la historia de la liga.
Fue el punto de quiebre. Aquella jornada obligó a cancelar dos encuentros en León y Jalisco. Juegos que nunca se repusieron y que dejaron huecos tanto en el calendario como en la competencia. Pero ese fue apenas el inicio.
El golpe más fuerte lo recibió Charros Femenil porque en cuestión de días, el equipo perdió a la mitad de sus jugadoras extranjeras, quienes optaron por salir del país ante el clima de inseguridad. Un impacto directo en el roster, en la química y en sus aspiraciones.
En Bravas de León la historia no fue muy distinta ya que dos de sus piezas más importantes se alejaron del equipo, una de ellas bajo el argumento de “motivos personales”. Ellas nunca mencionaron la violencia en México, simplemente se consigna que la fecha de sus respectivas bajas, es la misma.
Y mientras tanto, Diablos Femenil, que dominaba la liga, tomó decisiones que cambiarían su destino. Apostaron por mover su roster, dejando fuera a una bateadora muy productiva que le daba equilibrio al lineup, como lo es Rosangela Jardines, para incorporar talento europeo que no terminó por responder.
Desde ese momento, la ofensiva dejó de ser la misma y la consecuencia fue evidente semanas después, cuando en la Serie Final el equipo ya no tuvo la misma fuerza para sostener su candidatura al título.
El 22 de febrero no solo alteró el calendario. Alteró rosters, decisiones y rumbos… y, terminó por convertirse en el día que cambió toda una temporada.


