
Lo que parecía un trámite terminó convertido en pesadilla. Los San Diego Padres dejaron escapar una ventaja de 7-1 en la sexta entrada y terminaron cayendo 12-7 ante los Arizona Diamondbacks en el segundo juego de la Mexico City Series.
Después del partido, el mánager Craig Stammen ofreció una conferencia con el tono habitual: calma, confianza en su equipo y mirada al frente. Pero una frase encendió la conversación: “En este estadio, una ventaja de seis carreras no es ninguna garantía.”
Y sí, el contexto importa… pero la historia del juego cuenta otra cosa. El abridor de San Diego Michael King hizo su trabajo: limitó en 6 entradas completas a Arizona a apenas tres hits y permitió solo dos carreras, ambas por la vía del jonrón solitario. Dominio total.
El problema vino después… el bullpen simplemente no respondió. La ventaja se desmoronó, con lanzadores incapaces de frenar el ritmo ofensivo de los Arizona Diamondbacks, que encontraron vida justo cuando parecían fuera del juego.
Cuando se le pidió profundizar, Stammen señaló dos factores: la altura de la Ciudad de México y la superficie sintética, donde —según dijo— la pelota bota diferente.
¿Tiene algo de razón? Probablemente… pero también es cierto que ambos equipos jugaron en las mismas condiciones.
La diferencia, esta vez, no estuvo en el entorno… estuvo en la ejecución.
Porque más allá del “factor CDMX”, lo que realmente condenó a los Padres fue una verdad mucho más simple y conocida en el beisbol: sin bullpen, no hay ventaja que sobreviva.


