
La versión que comenzó a circular este fin de semana sobre la posible llegada de Japhet Amador a los Cardenales de Mulegé dejó mucho más preguntas que respuestas.
Porque más allá del impacto emocional de ver al “Gigante de Mulegé” jugando nuevamente en su tierra, el movimiento resulta llamativo por el momento en el que aparece.
Hasta hace apenas unos días, Amador seguía activo con los Huracanes de La Paz en la Liga Norte de México, un equipo que funcionaba dentro de una estructura vinculada a los Diablos Rojos del México y los Guerreros de Oaxaca. Es decir, aunque ya lejos del roster principal, Japhet todavía permanecía conectado al entorno deportivo de la organización escarlata.
Por eso, si la versión sobre Mulegé termina siendo real y sólida, inevitablemente aparece el misterio sobre lo que realmente significa este paso.
- ¿Es una señal de que Amador empieza a aceptar que su etapa con Diablos terminó?
- ¿O simplemente quiere mantenerse activo y en forma mientras espera una posible despedida formal?
- ¿La organización le está permitiendo decidir libremente cómo cerrar su carrera?
- ¿Todavía existe la posibilidad de un juego de homenaje?
Hoy nadie parece tener esa respuesta.
Porque una cosa sí parece clara: un pelotero del tamaño histórico de Japhet Amador difícilmente debería desaparecer del béisbol sin despedida. Y justamente por eso, verlo regresar a Mulegé genera una sensación extraña.
No necesariamente de final… pero sí de transición.


