
El regreso de Danny Ortiz a Puebla generó ilusión entre muchos aficionados de los Pericos… y era lógico.
Después de todo, el puertorriqueño construyó entre 2019 y 2024 una de las etapas ofensivas más importantes en la historia reciente de la franquicia. Conectó 140 cuadrangulares con la franela poblana, produjo 413 carreras, ganó el Derby de Jonrones del Juego de Estrellas 2019, rompió el histórico récord de Ronnie Camacho con 42 cuadrangulares en una temporada y además fue pieza fundamental en el campeonato obtenido por el equipo en 2023.
Por eso, cuando se anunció su regreso para la temporada 2026, muchos imaginaron que todavía podía existir un último gran capítulo entre Ortiz y los Pericos. Pero el beisbol —como todos los deportes— también cambia con el paso del tiempo.
La semana pasada se confirmó que Danny Ortiz dejaría de formar parte de Puebla para integrarse a los Saraperos de Saltillo, aunque oficialmente sus derechos pertenecen a los Bravos de León. El comunicado de los Pericos fue elegante y emotivo, calificando incluso al boricua como “parte importante de los más de ochenta años de historia de la organización”.
Sin embargo, detrás de todo también parece existir una realidad deportiva imposible de ignorar: Danny Ortiz ya no tenía el mismo espacio cotidiano dentro del lineup poblano, porque la edad, los ajustes del roster y las nuevas prioridades deportivas terminaron alejándolo poco a poco de aquel rol protagónico que tuvo durante sus mejores años en la Angelópolis.
Y quizás por eso, más que una ruptura o una polémica, la salida termina sintiéndose simplemente como una de esas historias deportivas donde ambas partes tuvieron que aceptar algo difícil: que el cariño seguía intacto… aunque el tiempo ya hubiera cambiado muchas cosas.


