
Lo de los Sultanes de Monterrey comienza a parecer mucho más serio que una simple mala racha. La sensación es la de un equipo que navega sin rumbo y, lo más preocupante, sin una reacción visible desde la parte directiva.
La semana pasada perdió dos de tres juegos ante los Tigres de Quintana Roo, uno de los equipos con peores números de la temporada. Después viajó a la Ciudad de México y fue barrido por los Diablos Rojos, recibiendo tres auténticas palizas y, ahora, en Aguascalientes, la historia continúa: Primero cayó 10-0 el martes y este miércoles volvió a perder, ahora por 7-2.
El saldo de los últimos cinco encuentros resulta alarmante.
- Cinco derrotas consecutivas.
- Solo 7 carreras anotadas.
- 51 carreras recibidas.
Los números reflejan una crisis que ya no puede atribuirse únicamente al pitcheo o a la ofensiva. El equipo ha dejado de competir en ambos lados del juego, no muestra actitud y mientras los resultados empeoran, la percepción entre muchos aficionados es que no existe una respuesta clara desde la organización.
Eso quizá sea lo más inquietante. No se trata necesariamente de despedir al mánager ni de realizar cambios por impulso, pero sí de transmitir la sensación de que existe un plan para detener la caída.
Porque una mala semana puede tenerla cualquiera, una racha de cinco derrotas también. Pero lo que resulta difícil de entender es la ausencia de señales que indiquen que alguien está intentando cambiar el rumbo.
Sultanes sigue siendo una de las organizaciones más importantes del beisbol mexicano y precisamente por eso, el silencio y la falta de reacción empiezan a preocupar tanto como las propias derrotas.
La situación, parece ser una crisis deportiva que empieza a convertirse en institucional.


