
La agresión protagonizada por Danry Vásquez este domingo merece el rechazo absoluto. Pero igual de injusto sería permitir que ese episodio termine manchando el nombre de toda la organización de los Toros de Tijuana y de una afición que no tiene absolutamente nada que ver con lo ocurrido.
Los Toros se han convertido, por méritos propios, en una de las franquicias modelo de la LMB. Su directiva ha invertido para construir un equipo competitivo, un estadio de primer nivel y una organización que año tras año pelea por los primeros lugares. No por casualidad son nuevamente favoritos para conquistar la Zona Norte.
Su afición también merece reconocimiento. Miles de personas asisten de manera casi permanente para apoyar a su equipo con pasión, respeto y orgullo. Ellos no pueden ser juzgados por la conducta de un solo jugador.
La responsabilidad tiene nombre y apellido: Danry Vásquez. Él es quien decidió reaccionar con violencia y protagonizar una escena que no representa ni a sus compañeros, ni a la organización, ni a la ciudad de Tijuana.
Ahora corresponde a la LMB actuar con firmeza y a los Toros tomar las decisiones que consideren necesarias para proteger los valores de la institución. Pero sería un grave error convertir este caso en un motivo para atacar a una organización que, durante años, ha trabajado para fortalecer al béisbol mexicano. En cualquier institución puede aparecer una persona que traicione los principios del grupo, lo importante no es negar el problema, sino enfrentarlo con decisión y cortar de raíz la manzana podrida.
Los Toros de Tijuana no son Danry Vásquez. Su directiva no es Danry Vásquez. Su afición no es Danry Vásquez.
Que nadie confunda la conducta de un solo individuo con los valores de toda una organización que, dentro y fuera del terreno de juego, ha hecho mucho por el crecimiento del béisbol mexicano.



