
Luis Carlos Rivera está viviendo uno de los momentos más importantes de su carrera como mánager en la LMB con los Olmecas de Tabasco. Su equipo está a una victoria de avanzar a la siguiente ronda de los playoffs, pero justo cuando la temporada llega a su momento más importante, habría aparecido un problema que no tiene que ver con el rival, el pitcheo o la estrategia del juego.
De acuerdo con versiones publicadas sobre lo ocurrido el viernes antes de la reanudación del quinto juego contra León, la directiva de los Olmecas habría ordenado que Jasson Atondo fuera retirado del line-up. La versión señala que Rivera y varios jugadores rechazaron la decisión y que el equipo incluso demoró su salida al terreno en señal de protesta.
No existe, hasta ahora, una explicación oficial de la directiva sobre las razones de la decisión y, precisamente por eso, más que intentar adivinar qué ocurrió detrás de la puerta del vestidor, hay una pregunta que resulta inevitable:
¿Qué hace un mánager cuando una decisión de la directiva limita su capacidad para manejar el equipo?
Rivera ha llevado a los Olmecas hasta aquí. A pesar de la incertidumbre antes de la reanudación el viernes, su equipo ganó el quinto juego 14-9, tomó ventaja de 3-2 sobre los Bravos y ahora tiene dos oportunidades en casa para conseguir la victoria que necesita para avanzar. Es decir, la temporada está funcionando en el terreno de juego, pero una situación como la que se reportó alrededor de Atondo coloca al mánager en una posición particularmente incómoda.
Porque un manager tiene que obedecer a sus superiores, pero también necesita sentir que cuenta con las herramientas y la libertad necesarias para tomar las decisiones que considera mejores para su equipo. Y más todavía cuando se encuentra a dos juegos —o incluso a una victoria— de conseguir un objetivo importante.
La pregunta no es solamente qué pasó con Atondo, la pregunta es hasta dónde puede llegar la autonomía de Luis Carlos Rivera dentro de los Olmecas.
Si la versión es correcta, el problema no terminó cuando el equipo finalmente salió al terreno, porque, aunque los Olmecas ganaron, el conflicto de fondo podría seguir ahí. Y ahora Rivera tendrá que manejar algo mucho más complicado que un lineup: un equipo que está a las puertas de avanzar y una directiva que, aparentemente, quiere tener la última palabra sobre quién juega.
En el terreno, los Olmecas están a una victoria de seguir adelante, fuera del terreno, Rivera enfrenta quizá su decisión más incómoda.



