
La Liga Mexicana de Beisbol anunció su alianza con Fanki, empresa colombiana que será su boletera oficial hasta 2031, y presentó LMB Diamante, una plataforma que busca centralizar la venta de boletos, alimentos y bebidas, además de ofrecer un programa de recompensas para los aficionados.
La iniciativa promete facilitar las operaciones y mejorar la experiencia en los estadios. Sin embargo, detrás de la modernización tecnológica hay un tema que merece analizarse: ¿qué sucede con los clubes que durante años han invertido recursos y esfuerzo en desarrollar sus propios sistemas y servicios?
Los Diablos Rojos del México son un ejemplo. La organización ha destinado importantes recursos a construir una experiencia de entretenimiento que ha conseguido conquistar a sus aficionados. No se trata solamente de vender boletos, sino de ofrecer servicios, generar lealtad y diferenciarse de otros equipos. Ese trabajo representa una inversión y una ventaja competitiva.
Si LMB Diamante termina sustituyendo los sistemas propios de los clubes, ¿tendrán que renunciar a lo que ya construyeron para incorporarse a una plataforma común? El comunicado no lo aclara, pero la intención de centralizar las operaciones abre esa posibilidad.
La pregunta económica tampoco es menor. ¿Quién gana con este nuevo modelo? Fanki obtiene un negocio de largo plazo; los clubes aportan sus operaciones y el acceso a sus aficionados, mientras que la LMB también podría obtener una participación en los ingresos. ¿Qué porcentaje corresponderá a cada uno y qué aporta la Liga para justificar su parte?
La centralización puede ayudar a elevar el nivel de los equipos rezagados tecnológicamente, pero también podría limitar a quienes ya hicieron inversiones importantes. ¿Es justo que todos tengan que operar bajo un mismo esquema, independientemente de lo que cada organización ha desarrollado?
La LMB tiene derecho a buscar mejores condiciones para el conjunto de la Liga. Pero centralizar no necesariamente significa mejorar, ni la igualdad debe confundirse con uniformidad.
La pregunta no es si la tecnología puede beneficiar al béisbol mexicano. Es si este acuerdo generará más valor para todos o si algunos clubes terminarán cediendo autonomía, inversiones y parte de su negocio para que otros obtengan beneficios.

La Liga Mexicana de Beisbol anunció su alianza con Fanki, empresa colombiana que será su boletera oficial hasta 2031, y presentó LMB Diamante, una plataforma que busca centralizar la venta de boletos, alimentos y bebidas, además de ofrecer un programa de recompensas para los aficionados.
La iniciativa promete facilitar las operaciones y mejorar la experiencia en los estadios. Sin embargo, detrás de la modernización tecnológica hay un tema que merece analizarse: ¿qué sucede con los clubes que durante años han invertido recursos y esfuerzo en desarrollar sus propios sistemas y servicios?
Los Diablos Rojos del México son un ejemplo. La organización ha destinado importantes recursos a construir una experiencia de entretenimiento que ha conseguido conquistar a sus aficionados. No se trata solamente de vender boletos, sino de ofrecer servicios, generar lealtad y diferenciarse de otros equipos. Ese trabajo representa una inversión y una ventaja competitiva.
Si LMB Diamante termina sustituyendo los sistemas propios de los clubes, ¿tendrán que renunciar a lo que ya construyeron para incorporarse a una plataforma común? El comunicado no lo aclara, pero la intención de centralizar las operaciones abre esa posibilidad.
La pregunta económica tampoco es menor. ¿Quién gana con este nuevo modelo? Fanki obtiene un negocio de largo plazo; los clubes aportan sus operaciones y el acceso a sus aficionados, mientras que la LMB también podría obtener una participación en los ingresos. ¿Qué porcentaje corresponderá a cada uno y qué aporta la Liga para justificar su parte?
La centralización puede ayudar a elevar el nivel de los equipos rezagados tecnológicamente, pero también podría limitar a quienes ya hicieron inversiones importantes. ¿Es justo que todos tengan que operar bajo un mismo esquema, independientemente de lo que cada organización ha desarrollado?
La LMB tiene derecho a buscar mejores condiciones para el conjunto de la Liga. Pero centralizar no necesariamente significa mejorar, ni la igualdad debe confundirse con uniformidad.
La pregunta no es si la tecnología puede beneficiar al béisbol mexicano. Es si este acuerdo generará más valor para todos o si algunos clubes terminarán cediendo autonomía, inversiones y parte de su negocio para que otros obtengan beneficios.


