
La Liga Mexicana de Beisbol anunció su alianza con Fanki, empresa colombiana que será su boletera oficial hasta 2031, y presentó LMB Diamante, una aplicación que pretende centralizar la compra de boletos, alimentos y bebidas en los estadios, además de establecer un programa de recompensas para los aficionados.
La iniciativa promete facilitar el acceso a los parques de pelota y mejorar la experiencia de los asistentes. Sin embargo, detrás de la modernización tecnológica aparece una pregunta que merece atención: ¿qué tanto está dispuesto el aficionado a compartir de su vida privada para disfrutar del béisbol?
La propia LMB explicó que la centralización del boletaje permitirá conocer mejor a sus aficionados, sus gustos y necesidades. Si el ecosistema integra las distintas compras, la información podría revelar cuánto gasta cada persona en boletos, alimentos, bebidas y mercancía oficial, con qué frecuencia asiste y a qué estadios acude.
Para una empresa dedicada a la tecnología y el análisis de información comercial, esos datos tienen un valor considerable. Para el aficionado, en cambio, quizá no resulte tan atractivo que alguien tenga registrado cuánto consume cada vez que visita un estadio.
Hay una pregunta todavía más elemental: ¿vale la pena entregar toda esa información a cambio de acumular «Diamantes» que después podrán canjearse por beneficios?
El comunicado no especifica cuántos puntos se obtendrán por cada compra, cuánto valdrá cada diamante ni cuántos serán necesarios para conseguir un boleto, alimentos o mercancía. Tampoco detalla los alcances del uso y la distribución de la información personal recopilada.
La comparación puede parecer exagerada, pero la LMB corre el riesgo de crear una especie de SAT beisbolero: una plataforma que registre buena parte de los gastos y hábitos de consumo de quienes simplemente van al estadio a divertirse.
La tecnología puede mejorar la experiencia, pero la Liga y Fanki tendrán que explicar con claridad qué información recopilarán, quién podrá consultarla y qué recibirá realmente el aficionado a cambio.
Porque una cosa es facilitar la compra de una cerveza y otra muy distinta es que alguien lleve la cuenta de cuántas te tomaste.

La Liga Mexicana de Beisbol anunció su alianza con Fanki, empresa colombiana que será su boletera oficial hasta 2031, y presentó LMB Diamante, una aplicación que pretende centralizar la compra de boletos, alimentos y bebidas en los estadios, además de establecer un programa de recompensas para los aficionados.
La iniciativa promete facilitar el acceso a los parques de pelota y mejorar la experiencia de los asistentes. Sin embargo, detrás de la modernización tecnológica aparece una pregunta que merece atención: ¿qué tanto está dispuesto el aficionado a compartir de su vida privada para disfrutar del béisbol?
La propia LMB explicó que la centralización del boletaje permitirá conocer mejor a sus aficionados, sus gustos y necesidades. Si el ecosistema integra las distintas compras, la información podría revelar cuánto gasta cada persona en boletos, alimentos, bebidas y mercancía oficial, con qué frecuencia asiste y a qué estadios acude.
Para una empresa dedicada a la tecnología y el análisis de información comercial, esos datos tienen un valor considerable. Para el aficionado, en cambio, quizá no resulte tan atractivo que alguien tenga registrado cuánto consume cada vez que visita un estadio.
Hay una pregunta todavía más elemental: ¿vale la pena entregar toda esa información a cambio de acumular «Diamantes» que después podrán canjearse por beneficios?
El comunicado no especifica cuántos puntos se obtendrán por cada compra, cuánto valdrá cada diamante ni cuántos serán necesarios para conseguir un boleto, alimentos o mercancía. Tampoco detalla los alcances del uso y la distribución de la información personal recopilada.
La comparación puede parecer exagerada, pero la LMB corre el riesgo de crear una especie de SAT beisbolero: una plataforma que registre buena parte de los gastos y hábitos de consumo de quienes simplemente van al estadio a divertirse.
La tecnología puede mejorar la experiencia, pero la Liga y Fanki tendrán que explicar con claridad qué información recopilarán, quién podrá consultarla y qué recibirá realmente el aficionado a cambio.
Porque una cosa es facilitar la compra de una cerveza y otra muy distinta es que alguien lleve la cuenta de cuántas te tomaste.


