
La Liga Mexicana de Softbol informó la suspensión por un juego a la mánager de Bravas de León, Nancy Prieto, tras “la conducta antideportiva” presentada durante el encuentro del 26 de febrero.
“Conducta antideportiva” … Pero ¿cuál?
El comunicado explica que la sanción se determina “con base en el reglamento” … ¿En qué artículo?
Señala que hubo “análisis de los videos del juego” …. ¿Qué se observó en esos videos?
Añade que se actuó “en apego al reporte de los umpires” … ¿Qué dice ese reporte?
El boletín contiene todas las frases formales necesarias para justificar una decisión… excepto la información esencial. No describe la acción. No contextualiza el momento. No especifica la falta. Informa que hubo castigo, pero no informa el motivo.
No es un caso aislado. La oficina que opera la LMS es la misma que comunica las sanciones en la Liga Mexicana de Beisbol, y el formato es idéntico: un machote institucional donde cambian nombres, pero no el nivel de detalle.
La profesionalización no se mide solo en redes con influencers, transmisiones, venta de productos, conferencias de prensa o slogans. También se mide en estándares de transparencia y cuando una liga anuncia públicamente una sanción, el mínimo exigible es explicar la conducta específica que la originó.
No para generar polémica, no para exhibir, sino para que el reglamento tenga sentido ante quienes siguen la competencia. El detalle no debilita la autoridad… la fortalece.
Porque cuando se habla de “conducta antideportiva” sin explicar la conducta; cuando se invoca el reglamento sin citar el artículo; cuando se mencionan videos sin describir la acción; cuando se alude a un reporte sin compartir su contenido, el mensaje no es disciplina. Es opacidad.
Y una liga que aspira a consolidarse no puede darse el lujo de comunicar a medias.


