
Cuando esta foto comenzó a circular en redes sociales, horas antes del debut de México en el Clásico Mundial de Beisbol, para nosotros fue algo más que una simple imagen. Fue, en realidad, el presagio de lo que terminaría ocurriendo.
La fotografía reflejaba con claridad una realidad incómoda: para quienes hoy controlan las decisiones del béisbol mexicano, lo deportivo parece ser lo de menos. Lo importante son las relaciones políticas, las fotos, los invitados y la convivencia alrededor del evento.
La Liga Mexicana de Beisbol, o más bien su presidencia, terminó por asumir el control total de la selección mexicana. Sin embargo, nunca estableció un verdadero orden deportivo dentro del equipo. Se permitió que el manager Benjamín Gil tomara decisiones sin mayor contrapeso: desde dejar fuera a peloteros mexicanos con méritos suficientes para vestir la camiseta nacional, hasta integrar a su propio hijo al roster mediante maniobras que no fueron bien recibidas por la afición.
Mientras tanto, la prioridad de los directivos parecía estar en otro lado. En lugar de enfocarse en fortalecer al equipo, se preocuparon por llevar al estadio a invitados de alto perfil como Rommel Pacheco, titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, y a María José Alcalá, presidenta del Comité Olímpico Mexicano.
En el proceso, se desplazó a Enrique Mayorga de su papel como presidente de la Federación Mexicana de Béisbol, y nunca se levantó una verdadera defensa del pelotero mexicano. El resultado fue evidente: un roster con una gran cantidad de jugadores nacidos fuera del país, muchos de ellos lejos de ser figuras en el béisbol de Estados Unidos.
Tampoco hubo gestiones serias para intentar contar con peloteros mexicanos clave en las Grandes Ligas, como Isaac Paredes, Ramón Urías o José Urquidy. Una vez más, lo deportivo parecía quedar en segundo plano.
Incluso, de acuerdo con una fuente de MLB, con la que hemos tenido contacto en la sede de Miami, desde donde nosotros hemos cubierto el evento, y que pidió mantener el anonimato, algunas acreditaciones originalmente destinadas a la prensa mexicana habrían sido redirigidas para atender compromisos con invitados e influencers.
Al final, la pregunta es inevitable: ¿qué se puede esperar cuando quienes deberían coordinar, dirigir y garantizar que todo funcione correctamente están más preocupados por la política, las relaciones públicas o la conveniencia personal que por los resultados en el terreno de juego?
Tal vez por eso, cuando vimos aquella foto antes del primer lanzamiento del torneo, muchos entendimos que no era solo una imagen más.
Era, en realidad, una advertencia.


