
En cuestión de días, los campeones de la Liga Mexicana de Beisbol y de la Major League Baseball entraron en mala racha.
Los Diablos Rojos del México acumulan cuatro derrotas consecutivas. Los Ángeles Dodgers, actuales campeones de Grandes Ligas, también llegaron a cuatro descalabros seguidos. Y en medio de eso, los Houston Astros, una de las franquicias más dominantes de la última década, siguen recibiendo comentarios similares cada vez que atraviesan un mal momento.
Que “ya se acabó la magia” … que “ya son terrenales”… que “el dominio terminó”, y demás comentarios en ese tono.
Pero quizá lo verdaderamente interesante es otra cosa.
Cuando un equipo gana demasiado, la percepción cambia por completo. Las derrotas dejan de verse normales y comienzan a sentirse como crisis. Una mala semana ya parece síntoma de decadencia. Y cuatro juegos perdidos consecutivos alcanzan para que muchos hablen del supuesto fin de una era.
Eso solamente les ocurre a los grandes.
Porque la realidad es mucho menos dramática. Tanto Diablos como Dodgers y Astros siguen teniendo roster, profundidad y talento suficiente para mantenerse entre los equipos más peligrosos de sus respectivas ligas. Las temporadas largas no se definen en mayo… y mucho menos en una semana negativa.
De hecho, los equipos verdaderamente dominantes suelen pasar por algo inevitable: el desgaste emocional de tener siempre la presión encima.
Todos quieren vencerlos, todos esperan su caída y, cada derrota genera mucho más ruido que la de cualquier otro club.
Por eso, quizá la mala racha no habla tanto de debilidad… sino del nivel de expectativa que ellos mismos construyeron ganando tanto.


