
Cada año, cuando termina el ciclo de muchas ligas infantiles en México, se repite el mismo espectáculo: grupos peleando el control, acusaciones entre directivos, publicaciones en redes sociales exigiendo cambios y padres involucrados en disputas que muchas veces parecen más políticas que deportivas.
Y este 2026 no está siendo distinto. En las últimas semanas, distintas ligas infantiles del país han visto aparecer mensajes cuestionando manejos internos, decisiones administrativas y formas de operar. Algunas denuncias son más fuertes que otras, pero el patrón parece repetirse constantemente.
El problema es que todo esto ocurre alrededor de niños. Porque mientras el objetivo debería ser formar peloteros, ofrecerles una opción sana de desarrollo deportivo y emocional y, generar talento, demasiadas veces las ligas terminan atrapadas entre intereses de adultos, grupos de poder y obsesiones por ganar torneos infantiles.
Un ejemplo, -entre muchos más-, explotó el año pasado con el caos rumbo a Williamsport, una situación que en BEISBOL MX incluso fue catalogada como “el mayor desastre de Williamsport México”. Protestas, acusaciones y polémicas terminaron opacando lo que debería ser simplemente beisbol infantil.
Y ahí aparece la pregunta incómoda. ¿Será que parte del problema del beisbol mexicano empieza precisamente ahí?
Porque mientras otros países enfocan sus estructuras infantiles en formación, desarrollo y paciencia, en México muchas veces el ambiente alrededor de las ligas parece dominado por presiones externas, intereses personales y una necesidad enfermiza de ganar desde categorías infantiles.
Lo más preocupante es que los niños terminan creciendo dentro de ese entorno. Uno donde los adultos frecuentemente convierten el beisbol infantil en escenario de conflictos, protagonismos y luchas de control.
Y quizá, antes de preguntarnos por qué no salen más peloteros mexicanos de élite, habría que preguntarnos otra cosa:
¿realmente estamos formando jugadores… o solamente alimentando los intereses de los adultos?


