
La escena protagonizada esta semana por el pitcher dominicano Abner Uribe dejó una sensación bastante extraña dentro de Grandes Ligas. No solamente por el gesto obsceno que realizó hacia el dugout de los Cardinals durante el triunfo de Milwaukee sobre San Luis.
Sino porque, por momentos, la tensión pareció mucho más propia de un clásico de futbol latinoamericano que de un juego de MLB. Provocaciones, acusaciones cruzadas, señas desde el dugout y una celebración totalmente fuera de control terminaron convirtiendo el incidente en uno de los momentos más comentados de la semana en el beisbol.
Sin embargo, quizás lo más llamativo de toda la historia llegó después y, fue la reacción del propio manager de Milwaukee: Pat Murphy no solamente evitó defender públicamente a su pitcher… prácticamente lo condenó.
El dirigente calificó el comportamiento de Uribe como “inaceptable”, aseguró sentirse “avergonzado” por lo ocurrido y dejó claro que ese tipo de actitudes “no representan” a la organización de los Brewers. Una postura bastante poco común en un deporte donde normalmente los managers suelen proteger públicamente a sus jugadores mientras las situaciones se manejan internamente.
Posteriormente, Uribe ofreció disculpas públicas, aunque evitó disculparse directamente con los Cardinals y, además, acusó al manager de San Luis, Oli Marmol, de haber realizado señas insinuando posibles pelotazos y aseguró que existía tensión desde antes del juego, incluso durante la práctica de bateo.
Hasta el momento, MLB no ha anunciado sanciones oficiales por el incidente, pero el tema ya provocó una fuerte discusión alrededor de los límites del espectáculo y la rivalidad dentro del beisbol moderno.
Porque una cosa es mostrar emoción y, otra muy distinta es que una escena de MLB termine pareciendo más una bronca de futbol sudamericano que un juego de Grandes Ligas.


