
Ricardo Pinto salió como abridor de los Diablos Rojos para el séptimo y definitivo juego ante Oaxaca. Y lo hizo de manera impecable: retiró a los tres bateadores que enfrentó con apenas nueve lanzamientos, siete de ellos strikes.
Y entonces… ya no regresó para la segunda entrada. El movimiento llamó la atención porque no se conoció públicamente una explicación sobre lo ocurrido. ¿Pinto tuvo alguna molestia o lesión que no se hizo pública? ¿O fue simplemente una decisión estratégica de Lorenzo Bundy y su cuerpo técnico?
Esta última posibilidad también deja una pregunta difícil de responder: si la intención era utilizar a Pinto solamente durante una entrada, ¿cuál era el beneficio de presentarlo como abridor? Y, sobre todo, ¿por qué retirarlo después de una entrada perfecta y con solamente nueve lanzamientos… cual fue el beneficio de este movimiento?
El contexto hace todavía más interesante la decisión. Para los Diablos, el juego no era de vida o muerte, porque desde el sábado tenían asegurado su pase a la siguiente ronda gracias a la regla del mejor perdedor. Pero sí había algo importante en juego: conservar el primer sembrado de la Zona Sur, lo que les permitiría abrir y, de ser necesario, cerrar las siguientes series en casa… por eso sí existía un incentivo para ganar.
Pinto cumplió perfectamente con su parte. Después de él, Justin Courtney lanzó tres entradas y otros seis relevistas completaron el trabajo para que el México derrotara 12-8 a Oaxaca y mantuviera el primer lugar en la siembra de la Zona Sur.
Si la salida del juego del venezolano fue una estrategia previamente diseñada, queda en una de esas decisiones que desde afuera simplemente no tienen explicación.
¿Qué ocurrió? Solamente Bundy y su cuerpo técnico lo saben.



