
La Selección Mexicana Sub-18 comenzó con el pie izquierdo su participación en el Premundial de República Dominicana. El jueves pasado perdió ante Nicaragua y, al día siguiente, cayó frente a Cuba, resultados que la dejaron eliminada de la posibilidad de avanzar a la ronda en la que se disputan los cuatro boletos para el Mundial.
Su último encuentro de la primera fase, contra Venezuela, se convirtió en un compromiso de trámite. Los venezolanos ya habían asegurado el primer lugar del grupo, mientras México estaba condenado al último puesto del sector. Deportivamente, el objetivo principal había quedado fuera de alcance en apenas dos partidos.
Sin embargo, la eliminación no significó el final de la participación mexicana. De acuerdo con las regulaciones de la WBSC, las selecciones deben completar el torneo mediante una ronda que se denomina de clasificación, aunque para los equipos eliminados funciona como una etapa de consolación. Sus resultados sirven para los rankings de la confederación, pero ya no permiten pelear por los boletos mundialistas.
Así, México pudo haber iniciado el regreso a casa desde el domingo, pero las obligaciones del formato lo mantienen en República Dominicana. Y la situación se complicó todavía más: la lluvia obligó a suspender todos los juegos programados para lunes y martes, prolongando la estancia de los equipos y la incertidumbre sobre el calendario.
Si las condiciones meteorológicas lo permiten, México enfrentará este miércoles a Brasil, en un torneo del que quedó fuera de la competencia principal desde el viernes.
La situación abre una pregunta sobre el diseño de estos campeonatos: ¿hasta qué punto tiene sentido obligar a una selección eliminada a permanecer varios días más para disputar encuentros cuyo valor se concentra en los rankings?
Es cierto que esos partidos tienen una utilidad reglamentaria. Pero también implican tiempo, logística y recursos para delegaciones que ya no tienen posibilidades de alcanzar el objetivo con el que viajaron.
La lluvia no se puede controlar. El formato del torneo, sí. Y vale la pena preguntarse si las reglas de la WBSC contemplan suficientemente las consecuencias que tienen para los equipos eliminados.

La Selección Mexicana Sub-18 comenzó con el pie izquierdo su participación en el Premundial de República Dominicana. El jueves pasado perdió ante Nicaragua y, al día siguiente, cayó frente a Cuba, resultados que la dejaron eliminada de la posibilidad de avanzar a la ronda en la que se disputan los cuatro boletos para el Mundial.
Su último encuentro de la primera fase, contra Venezuela, se convirtió en un compromiso de trámite. Los venezolanos ya habían asegurado el primer lugar del grupo, mientras México estaba condenado al último puesto del sector. Deportivamente, el objetivo principal había quedado fuera de alcance en apenas dos partidos.
Sin embargo, la eliminación no significó el final de la participación mexicana. De acuerdo con las regulaciones de la WBSC, las selecciones deben completar el torneo mediante una ronda que se denomina de clasificación, aunque para los equipos eliminados funciona como una etapa de consolación. Sus resultados sirven para los rankings de la confederación, pero ya no permiten pelear por los boletos mundialistas.
Así, México pudo haber iniciado el regreso a casa desde el domingo, pero las obligaciones del formato lo mantienen en República Dominicana. Y la situación se complicó todavía más: la lluvia obligó a suspender todos los juegos programados para lunes y martes, prolongando la estancia de los equipos y la incertidumbre sobre el calendario.
Si las condiciones meteorológicas lo permiten, México enfrentará este miércoles a Brasil, en un torneo del que quedó fuera de la competencia principal desde el viernes.
La situación abre una pregunta sobre el diseño de estos campeonatos: ¿hasta qué punto tiene sentido obligar a una selección eliminada a permanecer varios días más para disputar encuentros cuyo valor se concentra en los rankings?
Es cierto que esos partidos tienen una utilidad reglamentaria. Pero también implican tiempo, logística y recursos para delegaciones que ya no tienen posibilidades de alcanzar el objetivo con el que viajaron.
La lluvia no se puede controlar. El formato del torneo, sí. Y vale la pena preguntarse si las reglas de la WBSC contemplan suficientemente las consecuencias que tienen para los equipos eliminados.


