
Cuando los Dorados de Chihuahua regresaron a la Liga Mexicana de Beisbol en 2024, la expectativa era enorme…. Y no podía ser de otra manera.
Se trataba del regreso de una de las plazas con mayor tradición beisbolera del país, una ciudad donde el deporte forma parte de su identidad y que ha visto nacer figuras como Héctor Espino, Mario Mendoza, Pepe Peña, Arturo Rey y Ever Magallanes. Además, Chihuahua presume una de las ligas semiprofesionales más fuertes de México: la Liga Estatal.
Sin embargo, tres temporadas después, el proyecto sigue sin despegar. Los números son contundentes:
En 2024 los Dorados terminaron en el último lugar de la Zona Norte, en 2025 concluyeron séptimos gracias a un buen cierre de campaña, aunque muy pocos lo llegaron a considerar un serio aspirante a la postemporada, y ahora, en 2026, poseen el peor porcentaje de victorias de toda la Liga Mexicana con marca de 33-60.
La consecuencia también se ha reflejado en las tribunas, las entradas han estado lejos de lo que muchos imaginaban para una plaza con semejante tradición beisbolera, pero sería injusto responsabilizar únicamente a la afición.
Después de todo, el equipo todavía no ha logrado ofrecer una temporada verdaderamente competitiva desde su regreso al circuito. Y ahí aparece la pregunta más importante:
¿El problema es la respuesta del público o la falta de un proyecto capaz de generar ilusión? La LMB actual exige inversiones cada vez mayores para competir. Basta observar los planteles de organizaciones como Diablos, Sultanes, Toros, Guerreros, Leones o Unión Laguna para entender la magnitud del desafío.
Quizá Chihuahua simplemente no cuenta hoy con los recursos necesarios para construir un equipo de ese nivel… o quizá todavía está en proceso de hacerlo.
Lo cierto es que la afición chihuahuense ya demostró durante décadas que sí responde al beisbol, lo que sigue esperando es un equipo que le dé motivos para volver a soñar… y después de tres temporadas consecutivas fuera de los playoffs, esa espera comienza a hacerse demasiado larga.


