
A nadie debe sorprender el cambio de Rafael Devers de Boston a San Francisco. La decisión estaba tomada desde el 9 de mayo pasado.
Ese día, el propietario de los Boston Red Sox, John Henry, se reunió con Rafael Devers, en un inusual viaje para encontrarse con el equipo en la gira en Kansas City, justamente un día después de que Devers expresara su desilusión con la sugerencia de la organización de que jugara la primera base, tras la lesión de rodilla que le puso fin a la temporada a Triston Casas.
John Henry quien quizá nunca antes había tenido una conversación seria con el dominicano, salió furioso del encuentro. No podía creer que un jugador con un contrato de más de 300 millones de dólares, se dijera ofendido porque el mánager le pide ejecutar una tarea, y, peor aún, negarse a obedecer. Además del descaro de decir que no sabe jugar otra posición distinta a la tercera base.
Sin dar crédito a la infantil actitud de Devers, al salir de la reunión, inmediatamente dio la instrucción para que se buscara una negociación para encontrarle otro equipo y obtener algo de valor a cambio. Se tardaron más de un mes, pero finalmente alcanzaron un acuerdo con San Francisco.
Devers nació con un don increíble para batear… parece que es lo único bueno que puede ofrecer en esta vida.


