
Jugar el Juego de Estrellas en lunes (día hábil de labores) y a las 4 de la tarde, y a 7 entradas, se traduce en cumplir el compromiso en lugar de celebrar una fiesta.
No se oye bien, pero esa es la realidad. La fuerte y constante lluvia que cayó en la CDMX, que obligó a detener el juego estelar a la mitad de la primera entrada, arruinó la fiesta de los 100 años de la LMB, al menos la fiesta en la que el público podría participar, porque los directivos de la LMB si se organizaron su fiesta exclusiva, sin acceso a medios de comunicación, el viernes por la noche.
Los organizadores, es decir, la oficina de la LMB se tardaron hasta las 11:59 de la noche para anunciar la posposición del juego, teniendo en el estadio en completa incertidumbre al público por más de 4 horas.
El programarlo para el lunes a las 4 de la tarde y a sólo 7 entradas, parece ser una medida que obedece más a no tener que devolver a los aficionados el importe de sus boletos, a en verdad celebrar una fiesta.
Es prudente recalcar que los Diablos Rojos ponen el estadio, pero las entradas y la organización, depende de la LMB.


